Una vez más
Lía se tensó, pero se obligó a relajarse, para no preocupar a su esposo.
—Lía… —susurró Luciano, sintiendo un nudo subirle a la garganta, cortándole el aire.
—Luciano —dijo ella, sin acercarse. La distancia entre ellos no solo era física y él pudo sentirlo.
Luciano se arrodilló en ese momento, sorprendiendo a sus padres y a la pareja. Se obligó a mantenerse sereno para expresar lo que deseaba.
—Sé que te lastimé, que herí tu corazón y que no merezco tu perdón, pero, aun así, te pido, te suplico que puedas perdonarme Lía. Concédeme la libertad —pidió.