Amor y Poder
Ni siquiera la muerte de su enemigo más acérrimo puede darle el alivio que busca.
Yo, desde mi lugar privilegiado entre las sombras, observo cómo los hombres de Vicente comienzan a recoger los cuerpos, a limpiar la escena. Es casi poético, en su brutalidad. Pero, claro, nadie aquí está para disfrutar del simbolismo. El poder lo consume todo, y en este negocio, una victoria nunca es final.
—¿Estás satisfecho? —le pregunto a Vicente, mientras me acerco con una sonrisa que no alcanza mis ojos.