EL PERDEDOR
—Eso intento, pero no sabes cuanto anhelo que esta pesadilla termine —expreso con angustia y de repente, por más que busco tranquilizarme no lo consigo, sino que, todo lo contrario.
Comienzo por sentirme mal, es una gran opresión en el pecho que me lleva a sentir que me ahogo y por más que intento controlarlo no lo consigo. Trato de respirar, pero todo se vuelve peor cuando una puntada en el pecho me invade.
—¡Aren! —la escucho gritar, pero no le puedo responder.
Ella se pone de pie y me ayuda a levantarme de la silla, pero es tanto el dolor que lo único que consigo es acostarme sobre el suelo.
—¡Mi amor! —es lo último que oigo cuando todo se vuelve obscuro.