OBSESIVO
Era abrumante, exquisito y desquiciante.
En esa tina, ya casi vacía por completo, después de un tortuoso rato en que grité, gemí y creí que me volvería loca, finalmente alcancé el clímax y me vine entre temblores. Mientras mi cuerpo se estremecía sobre el suyo, Dorian se alzó un poco y, tomando mi cara con sus manos, me dio un largo e invasivo beso.