Picante Caliente 1
Célia
La presión es inmensa, inconcebible. No es un dolor agudo, todavía no. Es una sensación de ser llenada más allá de lo posible, hendida, poseída en una dimensión nueva. Mis uñas se hunden en sus antebrazos. Un grito ahogado se atasca en mi garganta. Mis ojos se abren desmesuradamente, clavados en los suyos. Él no sonríe. Su expresión está tensa, concentrada, impregnada de un fervor terrible.
— Respira, mi tesoro, murmura, y el término de afecto, en este contexto, es un desgarro más. Déjame hacer. Es mío, ahora.