DE EMPERATRIZ A PRIMERA DAMA
Era un amor inmortal, forjado en sangre y promesas, un lazo que ni el tiempo podía romper.
El palacio dormía, pero Zafir vibraba con vida. Los mercados, los campos, los templos, todo hablaba de un imperio renacido bajo nuestro amor. Mis hijos—Lila, Mara, Ethan, Liam, Noah—eran la prueba de que cada sacrificio valió la pena. Mientras Carlos dormía a mi lado, su brazo alrededor de mi cintura, supe que este era mi final feliz. Morí dos veces, pero viví para esto: una familia, un amor eterno, un reino que brillaba bajo las estrellas. La diosa cumplió su promesa, y yo, Alexandra, reina y madre, la honré con cada latido de mi corazón.