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Hundida en su amor

Hundida en su amor

Siempre tuve el presentimiento de que Mateo fue obligado a casarse conmigo. Pero cada noche en la intimidad, cuando estábamos juntos, él prefería acariciarme y ayudarme con sus manos antes que realmente hacerme suya. Con el tiempo, mi corazón empezó a enfriarse y, ya cansada de sentirme rechazada, decidí pedir el divorcio. Pero la noche antes de imprimir los papeles, escuché por accidente una conversación en la terraza entre Mateo y sus amigos. —Mira, no es por meterme, —dijo uno de ellos—. pero la deseas como un loco, entonces ¿por qué no la tocas? Tienes a una mujer perfecta a tu lado. —Las mujeres no soportan que las ignoren —agregó otro—. Si sigues reprimiéndote así, algún día se irá con otro hombre, y después te arrepentirás. Mateo guardó silencio un momento antes de responder en voz baja: —Su piel es demasiado delicada… su cintura tan fina y sensible… Si pierdo el control, podría asustarla. Además, es mi mujer, tengo que ser cuidadoso con ella. Si alguna vez necesita buscar consuelo en otro lugar… tampoco pasa nada. Mientras siga queriendo volver a mi lado, yo seguiré cuidándola y consintiéndola. Al escuchar eso, varios amigos soltaron una risa burlona. —Ya deja de hacerte el santo, si lo fueras, entonces deja de buscar esas cosas a escondidas en Google. Esa misma noche, movida por la curiosidad, abrí el historial de su navegador. Había más de cien búsquedas… y todas decían lo mismo: “Finalmente me casé con la chica que he amado en secreto durante años. Tengo un fuerte deseo por ella… ¿cómo puedo hacerla disfrutar sin lastimarla ni dejarle un trauma?”
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Enamorada de mi jefe: mi identidad revelada

Enamorada de mi jefe: mi identidad revelada

Mi pareja en línea resultó ser… mi jefe. Pero claro, él no tiene ni idea de que la persona del otro lado del chat soy yo. Y lo peor es que, una y otra vez, insiste en que quiere conocernos en persona. ¡Madre mía! Si eso ocurriera, terminaría en un estado fatal al día siguiente. Así que, sin dudarlo, lo dejé. Después de eso, se puso de un humor terrible, y toda la empresa tuvo que pagar las consecuencias con horas extras. Y pues… ¿cómo decirlo? Por mi salud mental y física, volver con él… tampoco suena tan mal.
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El Borracho que Me Hizo Su Reina

El Borracho que Me Hizo Su Reina

Invité a mis compañeros a un bar para divertirnos, pero al momento de pagar descubrí que no tenía saldo suficiente. Desesperada, caminé hacia el reservado VIP donde estaba sentado aquel hombre guapísimo. —Cúbreme la cuenta. Luego te transfiero. El hombre me miró con una frialdad fingida. —Señorita, ¿nos conocemos? Le arrebaté la copa de la mano. —No. Pero pregúntale a tu guardaespaldas cuántas veces me ha pedido ayuda por tu culpa. Ya te he sacado de apuros varias veces. ¿Tanto te cuesta devolverme el favor aunque sea una vez? El hombre puso cara de no entender nada, pero el guardaespaldas que estaba a su lado se llevó una mano a la cara. —Señor, es verdad. Cada vez que usted se emborracha, no deja que nadie se le acerque. Solo a ella la deja acercarse. Para poder llevarlo a casa, he tenido que llamarla varias veces y pedirle ayuda.
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Bloqueé al CEO Equivocado

Bloqueé al CEO Equivocado

De la nada, mi novio virtual me mandó una foto de su almuerzo. En la foto aparecía un filete recién hecho, todavía humeante. "Amor, sí almorcé bien. ¿Me felicitas?" Estaba a punto de responderle: "Qué bien te portaste", cuando bajé un poco la vista y, de pronto, vi unas letras impresas en el borde del plato: Tecnologías Maika. El corazón me dio un vuelco. Qué coincidencia tan absurda. La empresa donde trabajo también se llama así. Me quedé paralizada, con la mente completamente en blanco. No puede ser… ¿Será que mi novio virtual, con el que llevo más de un año saliendo, está aquí, tan cerca de mí?
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Al final, ambos saldremos heridos

Al final, ambos saldremos heridos

A quince días de la boda, Santiago Velasco y yo tuvimos una pelea feroz. La razón no era otra: él quería tener un hijo con la hija de su profesor. —Solo iremos a hacer una fertilización in vitro, no hay nada entre nosotros —dijo con una calma que me heló hasta los huesos—. El profesor está muy enfermo, lo único que desea es ver a Valeria con alguien que la apoye en el futuro. —¿Y tú? —le reproché—. Nos casamos en quince días y tú vas a tener un hijo con otra mujer. ¿No te parece absurdo? Vi cómo Santiago cerraba la puerta de un portazo y, sin pensarlo, publiqué en mis redes: "Boda en quince días, busco un novio nuevo, ¿alguien se apunta?"
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Matrimonio por error: Cayendo en las garras del Don

Matrimonio por error: Cayendo en las garras del Don

Renací y volví al día antes de mi boda. ¿Lo primero que hice? Intercambiar de esposo con mi hermana. En mi vida pasada, me casé con Julian, un magnate tecnológico de carácter apacible. Él no podía soportar mi temperamento explosivo, y yo no toleraba lo blando que era. Nuestro matrimonio se vino abajo en menos de un año. Mi hermana, dulce y tímida, estaba comprometida en un matrimonio arreglado con Robin Kane, el Don de la familia criminal más poderosa de Nueva York. Ella no pudo soportar aquella vida brutal y caótica. Torturada por Isabella, la supuesta amor de la infancia de Robin, cayó en una profunda depresión y murió. Así que, cuando volví, tomé una decisión: esta vez, la que se casaría con el Don sería yo. Pero jamás esperé que, después de la boda, aquel Don frío y estoico se convirtiera en un hombre completamente distinto. Cada noche me tenía debajo de él, besándome como si estuviera obsesionado, mientras me susurraba al oído: —Buena chica. Voy a hacerte sentir bien. Solo una vez más, nena.
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Cayendo en la Seducción del Rudo

Cayendo en la Seducción del Rudo

En los años setenta, respondí al llamado del gobierno y me uní al programa de jóvenes intelectuales enviados al campo. Buscando emociones fuertes, me fijé en un hombre rudo de cuerpo musculoso. Una noche, escalé por su ventana y me deslicé bajo sus cobijas, las cuales estaban impregnadas de testosterona. —Diego, lo tienes muy duro. Déjame ayudarte. El hombre sujetó mi cintura y me empujó con fuerza diciendo: —Tú te lo buscaste. Aparte de labrar la tierra, lo que más hice fue montarme sobre sus caderas, balanceando las mías. Nos enredamos en las montañas y ardimos en los campos. Cada rincón apartado de la aldea guardaba las huellas de nuestros encuentros íntimos.
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Me Metí en La Novela y Él Me Eligió

Me Metí en La Novela y Él Me Eligió

Me metí en una novela. Y no como la protagonista ni como la villana, sino como una extra bonita, sin nombre, de esas que solo aparecen de fondo para rellenar escenas. El problema es mi hermano mayor: de todos los personajes, es el único que se comporta como una persona normal, y justo por eso, en la novela lo pintan como el “amor imposible” de la protagonista: un dios frío, reservado, casi intocable, al que ella jamás logra conquistar. Cuando ella se le declara entre lágrimas, él responde que está estudiando. Cuando le promete entregarle todo, él dice que anda montando un negocio. Cuando ella se deja caer y se pierde entre galanes, él ya está en la cima, con un éxito brutal y diez mil millones de dólares al año. Yo, de verdad, pensé que iba a vivir en paz, sin deseos, sin tentaciones, así para siempre. Hasta que una noche, ya de madrugada, lo encontré con una prenda que yo reconocería en cualquier parte entre sus manos… y, en voz baja, casi obsesivo, repitiendo un nombre una y otra vez. Un nombre demasiado familiar, demasiado cercano.
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Mi Nueva Medicina Grande Y Dura

Mi Nueva Medicina Grande Y Dura

—Ay, no me toques ahí, se va a escuchar todo... Apenas terminaron las fiestas de septiembre, la empresa organizó una salida a las aguas termales en la sierra. El problema fue que cerraron el camino de regreso de forma inesperada, así que todos tuvimos que quedarnos a dormir allá. Como era la primera vez que pasaba la noche fuera con ellos, alguien se dio cuenta de mi condición insaciable por un descuido. No tuve más remedio que pedir ayuda y, al final, elegí al hombre que parecía el más tranquilo de todos. Nunca me imaginé que terminaría dominándome de esa manera.
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El íncubo a mi servicio: la tentación prohibida

El íncubo a mi servicio: la tentación prohibida

Compré en línea a un íncubo atractivo, uno de esos que vienen con esa distancia que seduce. Pero respiraba tan fuerte, con un jadeo grave atorado en la garganta, y me observaba sin parpadear. Su temperatura era tan alta que, al rozarme, sentía que podía quemarme. Pensé que quizá estaba enfermo y corrí a contactar a Soporte al Cliente. —¿Podrían ayudarme? Mi íncubo respira muy pesado, está muy caliente y no deja de mirarme… Después de escuchar mi explicación, cayó un silencio incómodo al otro lado. —Señorita… ¿no será que no está enfermo, sino hambriento? —Y lo que quiere no es medicina, sino besarla o… algo más.
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