Las dimensiones de un amor
A Rebeca, el último susurro la dejó sin voz.
Se dejó llevar, con su corazón latiendo deprisa.
Alejandro la guio hasta su auto, un modelo nuevo, de una línea cara, carísima, que era claro, no podría pagar con su sueldo de psicólogo en la clínica.
Muchos estaban acostumbrados a verlos, tanto a él como a Germán, a conducir sus autos, lo que no sabían, eran que esos autos estaban equipados especialmente, para defenderse de cualquier ataque y que el GPS que tenían, era tan potente, que lo podrían rastrear desde cualquier rincón de ese mundo.