Las formas del amor
El silencio de la calle era pesado, casi insoportable, y cada respiración me parecía un golpe más contra mi pecho.
Entonces, un par de faros apareció al doblar la esquina. Una luz blanca, intensa, atravesando la oscuridad de la calle silenciosa. Fruncí el ceño, mi instinto se tensó de inmediato.
El vehículo avanzó lentamente… elegante… silencioso, como si quisiera hacerse notar sin gritarlo. Un sedán negro de lujo. El tipo de auto que no pasaba inadvertido, el tipo de auto que te recordaba todo lo que representaba poder y presencia.