AMOR PARA DOS
» Date un baño, que hueles horrible, y baja a desayunar —pidió el hombre mayor, tan molesto y dolido por lo ocurrido, y por lo mal que Alejandro se veía, que no sabía si golpearlo con su bastón o abrazarlo y consolarlo.
Alejandro estaba arrepentido de lo que había hecho, eso era claro, pero el arrepentimiento casi nunca precede al perdón, porque hay cosas que no se pueden perdonar, ni por mucho que quien hizo mal esté arrepentido o diga que no fue su intensión hacer daño.
“Yo no quería” no era una buena excusa, al menos no en esa situación, y por eso el joven había perdido toda oportunidad de salvar su matrimonio, si es que alguna vez hubo una.