Al latido del pecado.
Bufandas de cashmere, abrigos de lana italiana, capas con broches dorados, chaquetas de cuero suave, vestidos con cortes que las dejaron sin aliento, camisas con cortes estructurados, faldas lápiz de seda cruda, pantalones de lino, suéteres oversized, chalecos acolchados, guantes de piel, cinturones trenzados, botas hasta la rodilla y algunos pares de stilettos imposibles de ignorar.
—¿Vas a necesitar todo esto? —murmuró Théa, a quien tomaron para llevar a la cama para quitarle la blusa. Resistirse no sería una opción con la pelirroja que le mostró lo que quería ver sobre ella. —¿No te parece mucho?
—Esto es su resurrección, cariño —corrigió Guille sin mirarla—. Si el mundo va a verla otra v