El heredero secreto del Alfa
—Bien, bien, entremos a la tienda, pero no creas que vas a consentirlo toda la vida cariño —
Y juntos, aquella familia entraba a la tienda de juguetes. Acercándose al aparador, Ares observo como aquellos felices padres, escogían junto a su hijo un nuevo tren de juguete. Por un momento, el Alfa pudo imaginarse en aquella misma situación. Un hijo o hija que fuera tan bello como su madre, y con los fieros ojos de él. La sonrisa de felicidad de aquel pequeño, y la de satisfacción de sus padres, le hacían sentir calidez en el corazón.