Trillizos para el Alfa
Un instante en el que el mundo se desvaneció, dejándome en esa burbuja de calor y seguridad.
Pero entonces, mis dedos rozaron mi cuello, y la sensación abrasadora del vínculo que ahora nos unía me sacudió por completo. Ahí estaba, la marca. La marca que me unía para siempre al Rey Alfa. El símbolo inconfundible que reclamaba mi alma, mi cuerpo, mi futuro. No podía creerlo. Mi mente se resistía a aceptar lo que había ocurrido. ¿Cómo fue posible? ¿Cuándo pasó? Pero lo más aterrador era que, en el fondo, lo sabía, lo había deseado, aunque no me atreviera a admitirlo.