Perdí A Mi Loba Por Un Alfa
Pero cuando estuve en medio de la naturaleza, sintiendo el viento en mi piel, fue como si mi loba muerta soltara un último suspiro desde las profundidades de mi alma: “Sienna, no mires atrás. Ve a vivir la vida que quieres”
—En ese momento, a la que más odiaba era a mí misma. Odiaba mi propia debilidad, por aferrarme a un Alfa como un parásito solo para sobrevivir. Odiaba no haber escuchado antes al profesor Miles, que era mejor correr libre en la naturaleza que consumirse en una jaula. Y odiaba mi propia terquedad e incapacidad de dejar ir, lo que me había atado a las dolorosas cadenas de este vínculo de pareja y a la rígida jerarquía de la manada durante tres largos años.