El corazón prohibido del alfa
Sus labios son fríos, pero su intención es ardiente, un incendio de dominio.
Al separarse, dice en un murmuro ronco que parece salido de ultratumba, un sonido gutural que vibra en mi oído interno.
—Ahora eres mía, y nadie puede tocar lo que me pertenece.
Se pone tenso, esa energía depredadora regresa, y da un paso atrás, soltándome. La fina nieve que cae sobre mi piel me trae de regreso a la dura y fría realidad. El beso ha terminado, pero el reclamo ha quedado grabado.