Mi Dueño Prohibido
Vas a correrte gritando mi nombre.
Si tuviera forma de poner en balanza todas las veces que Leo me ha poseído, probablemente nada se acercaría a esto. Tal vez fue por el miedo de perderlo, por el caos que nos envolvió, o por la certeza de que ya no nos quedaba más que rendirnos al deseo. Pero esta vez... fue diferente. Salvaje, humano, nuestro. No hubo tregua, ni estrategia, mucho menos contención. Solo dos almas reencontrándose a través del cuerpo.