Su Mate: El rey dragón
“Mariah, no hay nada que hacer; es el destino”
“No, no estoy eligiendo”, dijo Mariah, comprendiendo por fin a qué se refería la mujer. Se le llenaron los ojos de lágrimas y miró al inconsciente Alaric en la cama. “No estoy eligiendo”, repitió. “Pero aunque lo hiciera, lo elegiría a él”. Y dicho esto, se abrió la muñeca con la garra, metió un dedo para evitar que sanara y colocó la muñeca sangrante sobre los labios fríos de Alaric. “Hicimos los huevos juntos, mientras viva, haremos otro. Solo rezo para que abra los ojos y gane esta guerra. ¿Oíste eso, Alaric? Tienes que ganar esta guerra. Lo prometiste”.