Laurenth, la omega rechazada que se convirtió en Reina.
No es suficiente una vez, jamás es suficiente, la llevó a nuestra habitación y ahí la tengo toda la noche hasta que Argos y yo quedamos satisfechos.
Cuando la noche acaba, miro a Zarina una última vez, su respiración acompasada, su mano en mi pecho, y me repito lo que he hecho muchas veces antes: la guerra es mi destino, la sangre que vendrá mi oficio, y este abrazo, aunque dulce, no me da tregua. La acomodo en mi pecho y me duermo, necesito descansar para estar en óptimas condiciones para la guerra que se viene antes de que esos bastardos lo esperen.