Gil y el Alfa Maldito
Luego, con una vocecita temblorosa, preguntó—: ¿Y yo qué te parezco?
Jan la miró, su mirada recorriendo cada detalle de su rostro y cuerpo. Luana, la quinta hija de la Diosa Luna, era una visión de belleza celestial. Su cabello largo y ondulado brillaba con un tono plateado bajo la luz de la luna, cayendo sobre sus hombros y enmarcando su rostro de manera suave y delicada. Sus ojos, grandes y expresivos, eran de un azul profundo y misterioso que recordaba al océano en una noche tranquila, llenos de una sabiduría y serenidad que desmentían su corta edad.