Bajo la luz de la Luna
—Mi Diosa Luna, se que la llegada de esta muchacha que posee tu belleza, no ha sido por nada, protege a mi niño Janus y tambien a mi niña Artemisa, porque tengo el presentimiento de que su camino no va a ser sencillo — decía la amable anciana a la luna que brillaba en lo alto, para luego correr a llamar al médico de los Aqmar.
Dejando a la hermosa albina entre las suaves sabanas de seda azul y blanca de su cama, Janus miraba aquellos hermosos cabellos de plata esparcidos sobre la almohada.
Tan bella, tan radiante como la luna, y tan misteriosa como ella, Artemisa le representaba un completo enigma, sin embargo, sintiendo de nuevo aquel delicado aroma, su bestia parecía gemir de placer.