Contrato de sangre y amor
Nico, a su lado con un traje beige impecable, le susurraba algo al oído que la hacía reír.
—Tranquila, Luna. Respira. Hoy es el día más feliz —dijo Ana, sus ojos brillantes.
—Lo sé —susurró Luna, arreglando el ramo de girasoles y rosas blancas que llevaba—. Es solo que… todo esto. Todos aquí. Después de todo lo que pasó, parece un milagro.
Unos pasos más atrás, Elena ayudaba a Miguel a anudarse la corbata. Él parecía incómodo en el traje, pero su sonrisa era amplia y despreocupada.