La obsesión de Marchetti
Ni siquiera sobre este rango en leones, —añade.
—¿Crees que sea por eso que está embarazado? —pregunto.
—Es posible, pero investigaré, —asiento agradecido.
—¡Ay Dios! —Chillan mis hermanas—. Otro sobrino, —se acercan todas a Adriano que le permite tocar su vientre.
—Felicidades, hermano, —mi gemelo me da un abrazo, Mia, me felicita y luego ellos se retiran.