Adiós sin Fecha de Regreso
No terminó la frase, metió la mano al bolsillo y sacó una caja de una joyería elegante, la abrió y sacó una pulsera nueva, la cual colocó en su muñeca con suavidad.
—Mira —dijo con voz suave—. Te compré, el nuevo modelo de pulsera que querías la otra vez.
La expresión de Lana se suavizó un poco, curvó los labios, y, con voz mimosa y satisfecha, dijo:
—¿Recuerdas esa acción que me recomendaste la vez pasada? Gané un montón. Recomiéndame algunas más, ¿sí?
Me quedé ahí parada, viendo esta escena, y de repente sentí que era ridículo. Ramón usaba todo lo mío para complacerla.