Ya no necesité tu boda
Al instante, puso una cara de desprecio:
—Te la pasas ocupada todo el día, pero ni siquiera puedes preparar un traje.
—¿Quién quiere casarse aquí, yo o tú? Qué falta de consideración.
En ese momento, sonó su celular.
Era Sofía, llorando:
—¡Luis, hay un insecto enorme en mi casa! ¡Tengo miedo!
—¡Voy en camino! ¡No temas!
Aún sin vestirse bien, ya se dirigía a la puerta.
Pero al verme en la sala, por primera vez, no salió con seguridad.
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