Herederos
-Perdón señor.
Se escucha como Carmen se disculpa, del otro lado de la puerta.
Nos reímos, mientras nos abrazamos, sintiéndonos.
Las risas se convirtieron en gemidos, no podíamos controlarnos, era como una adicción.
Me tiene como quiere, haciéndome palpitar.
Me tiene atada a su cuerpo, atada a su amor.
Es como un ciclón, que me arrastra a mil kilómetros por hora, crece en mí tanta pasión que me siento lujuriosa.