ATADA AL ENEMIGO
Maximiliano se inclinó hacia delante, apoyando sus codos sobre las piernas y negó con su cabeza, impresionado hasta casi volverse loco.
—Claudia, ¿diez mil dólares en efectivo para hacerme a mí una broma? ¿Tan solo una broma? ¿No te pareció extraño?
—¡Yo qué sé! La verdad es que él es millonario y pensé que esa cantidad no era nada para él, ¿qué sé yo? —Ella no quería contarle a nadie que la broma no terminaba allí, pero ciertamente, luego de todo eso, vio necesario decirlo—. Hay algo más —anunció.