el Resplandor del Mañana
En un mes sería el cumpleaños de la Señora Pérez, quien siempre me trataba con cariño; planeaba pasar ese día con ella y, después de eso, marcharme de Leonardo.
***
Hasta altas horas de la noche, Leonardo regresó a casa, completamente ebrio.
Cuando entró en la habitación, yo estaba revisando mi lista de activos.
Leonardo se frotó las sienes y, con el ceño fruncido, preguntó:
—Norita, ¿por qué de repente estás revisando estas cosas?
Le levanté la mirada y noté rastro de labios en su cuello.
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