Montando A La Vieja
No dije que sí, pero tampoco que no.
Pasó el tiempo y llegó el otoño. Rami de repente me invitaba a nuestro lugar de siempre, pero yo le decía que mejor otro día. Él se reía y me reclamaba diciendo que, ahora que Ramón tenía lana, ya no quería saber nada de sus amigos. Yo le seguía la corriente, pero la verdad es que no volví a ir.
En las fotos de sus publicaciones se le veía la panza cervecera saltada, y Bárbara salía a su lado con la cara pálida por el viento helado.