ERES MIA EN CADA VIDA
—O tal vez siga trabajando para el mismo bastardo hasta que tenga treinta y ya no tenga energía para empezar de cero —murmuró Luna, enterrando la cara en el cojín.
Abril se acercó y le acarició el cabello con dulzura.
—No digas eso, tienes talento, Luna, y lo sabes. Lo único que necesitas es una oportunidad y eso va a llegar, te lo prometo.
Luna no respondió, porque no lo sabía. Porque las promesas se le hacían frágiles, porque el futuro parecía una broma pesada y el presente, una condena.