Contrato de sangre y amor
Mateo y Luna intercambiaron una mirada, luego Mateo asintió.
—Todos merecemos una segunda oportunidad, DJ. La tuya comienza hoy. Bienvenido.
La noche cayó por completo, y las estrellas empezaron a puntear el cielo violeta sobre Aldería. Los farolillos creaban un círculo de calor y luz en el jardín. La comida se compartió, las risas fluyeron, suaves pero reales. El peso del pasado aún estaba allí, en las cicatrices y en los silencios momentáneos, pero ya no los aplastaba. Los había forjado.