Esposa por despecho
Sebastián tenía el peor de los miedos, no temía más por él, sino por ella, por su Violeta, no quería que la lastimarán, luchaba contra las sogas, era imposible desatarse, pero estaba dispuesto a pagar cualquier precio, solo porque Violeta fuera libre y salva.
Los dos tipos de mala sangre se miraron entre sí
—¿Es cierto que tiene tanto dinero?
—¡Qué sí! Es un billonario, te digo, si su hijo nos va a pagar diez millones de dólares, este tipo nos lo podría pagar a cada uno.
El hombre abrió ojos enormes y ambiciosos
—¡No tendríamos que volver a trabajar por el resto de nuestras vidas! —gritó
Celebraron antes de tiempo