Un Amor Enredado
Sus manos viajaban por las curvas de Adeline, reconociendo el territorio perdido, mientras ella arqueaba la espalda, buscándolo con una sed que quemaba más que el agua de la ducha.
No había espacio para las mentiras ni para Jasper ni para Ethan. Solo existía el roce de la piel contra la piel, el sonido de las respiraciones agitadas que se fundían en una sola y el ritmo frenético de dos corazones que, a pesar de estar rodeados de oscuridad, se aferraban el uno al otro en busca de luz. Fue un acto romántico y feroz a la vez; Damián la amaba con una delicadeza que contrastaba con la fuerza de sus movimientos, susurrando su nombre contra su oído como un mantra de redención. En ese momento, en la