Tabú: Ataduras y Pecados - Fetiches
Estaba a un paso de girarse y hundir las manos en su cabello, de tirar de esa boca hacia la suya y devorarlo allí mismo, sobre el mostrador de la cocina, entre los tomates y la albahaca.
La confesión estaba allí, en la punta de su lengua, un monstruo a punto de ser liberado. Siempre te he deseado, Gael. Desde siempre. Incluso cuando no debería.
Pero el miedo, la vergüenza, el peso del tabú, fueron más fuertes. Tragó las palabras, tragó el gemido, tragó el deseo.
— Creo que la pasta ya está en su punto —logró decir, la voz extraña y lejana.