GORDITA, PERO FABULOSA
Es momento de que nos quitemos las máscaras, y no me refiero a estas —levanta su máscara de diablo—, sino a las de falsedad.
Giorgia traga sus nervios y de repente, el camino se le termina y su espalda choca contra una pared. Julian apoya una mano en la pared, a un lado de su rostro y la encarcela entre la pared y su sensual cuerpo.
—Voy a ponerte esto fácil —dice ronco, hambriento, apetitoso y sin un ápice de broma o juego en su voz; ya no hay tiempo para eso, ha llegado el momento de darle rienda suelta a sus deseos más bajos y más perversos, y conseguir lo que tanto anhela—. Puedo ponerme esta máscara para ocultar mi rostro y que así finjas y fantasees con la idea de que soy otro, cualqui