Jugando con el amor
Y cuando salí de los vestidores, Marcial me esperaba muy molesto, con el rostro fruncido, la cara ajada y los ojos inyectados de cólera.
-No puedes mezclar las cosas-, fue lo que me dijo, de frente, como un raquetazo que me aporreó el corazón.
Quedé boquiabierta, sin reacción, parpadeando y balbuceando muchas cosas.
-Estaba muy ilusionada-, metí la pata.
-El amor es una ilusión, el tenis es real-, fue lo que me dijo mirando a mis ojos. No supe ni qué decir. Mis ojos se encharcaron, de pronto, de lágrimas.