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Me Echó Por Su Esposa Plagiadora

Me Echó Por Su Esposa Plagiadora

El primer día que volví a la empresa, durante la hora del almuerzo, apoyé la cabeza en el escritorio para descansar. De pronto, oí varios golpes secos sobre mi escritorio. Levanté la cabeza y vi a Flora Vargas, una diseñadora que hacía poco había empezado a aparecer por la oficina y a meterse en los asuntos del área de arquitectura. —La hora del almuerzo terminó hace cinco minutos y tú sigues aquí durmiendo como si nada. A partir de mañana, ni te molestes en volver a trabajar. Le expliqué que acababa de volver de reunirme con un cliente y que, por ese proyecto, llevaba varias noches seguidas casi sin dormir. Ella hizo una mueca de desprecio. —¿Y eso qué tiene de difícil? No es más que salir a comer con clientes, entretenerlos con tragos y luego hacer unos cuantos planos para salir del paso. Además, tú ni siquiera tienes que marcar entrada. Casi nunca te apareces por la oficina. ¿Con qué cara te atreves a dormirte en pleno horario laboral? Me dio tanta rabia que terminé soltando una carcajada de pura incredulidad. Como arquitecta principal de la empresa, yo había sacado adelante la mayoría de los proyectos. Podía decirse que, si la empresa había llegado tan lejos, gran parte del mérito era mío. Ella solo veía que yo no tenía que estar todos los días en la oficina ni marcar entrada, pero no veía que me la pasaba viajando por todo el país para buscar proyectos y reunirme con clientes. Además, como arquitecta reconocida en el sector, la mayoría de los clientes venían a colaborar con nosotros precisamente por mi reputación. Contuve el enojo y le pregunté: —Tú ni siquiera eres de Recursos Humanos. ¿Quién te crees que eres para despedirme así porque sí? Ella respondió: —Me basta con que mi esposo sea el director general de esta empresa. Me quedé helada. ¿Desde cuándo mi novio tenía esposa?
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Cansada de Siete Años de Drama

Cansada de Siete Años de Drama

Finn, mi novio mafioso, siempre peleaba con Amanda, su amiga de la infancia. Para mi cumpleaños, ella me regaló un mini vibrador. —Toma. Por si llegan a una segunda ronda. Nadie conoce su resistencia mejor que yo. Finn le lanzó un frasco de base de maquillaje. —Ponte un poco más. Tal vez así alguien quiera tocarte. Salieron empujándose entre sí y dieron un portazo. Las velas del pastel se consumieron por completo mientras yo permanecía sola, sentada frente a la mesa. La primera vez que nuestras familias se reunieron para una cena formal, Amanda sonrió y deslizó un pequeño frasco de lubricante hacia Finn. —Toma. Así la pobre no sufrirá tanto. La expresión de Finn se volvió sombría. —Mejor eso que quedarte llorando todas las noches abrazada a una almohada corporal. Esta vez, Finn preparó unas vacaciones en una isla privada. Un amigo en común me dijo en secreto que Finn planeaba pedirme matrimonio al atardecer, en un acantilado. Tras siete años de espera, creí que por fin había llegado el momento. La meta ya estaba a mi alcance. Me arreglé con esmero, me puse mi vestido más caro y caminé hacia el helipuerto. Abrí la puerta del helicóptero. Amanda ya ocupaba el asiento del copiloto. Arqueó una ceja al verme. —Chloe, llegaste. Soy claustrofóbica, así que no te importa si me siento adelante, ¿verdad? Finn, con las manos en los controles, giró la cabeza hacia mí. —Chloe, siéntate atrás. Me preocupa que le dé uno de sus berrinches y empiece a arañar y morder. Nos arruinaría el viaje. No alcancé a responder; Amanda ya estaba discutiendo con él. —¿Qué quieres decir con eso? ¿Crees que soy una carga? —No es la primera vez que lo pienso. ¿Por qué hoy haces tanto drama? La forma en que se respondían era tan natural que parecía un libreto ensayado mil veces. En ese instante, todo el cansancio acumulado durante los últimos siete años me invadió. Y, por primera vez, comprendí que ya no quería decirle que sí cuando me pidiera matrimonio.
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O Nascimento que Derrubou o Chefe

O Nascimento que Derrubou o Chefe

Com nove meses de gravidez, eu estava na reta final do meu termo, pronta para dar à luz a qualquer momento. Mas meu marido, Vito Falcone, subchefe da família, havia me trancado. Ele me mantinha em uma sala médica subterrânea e estéril, injetando-me um medicamento que suprimia o trabalho de parto. Enquanto eu gritava de dor, ele friamente me dizia para aguentar. Porque se esperava que a viúva de seu irmão, Scarlett, entrasse em trabalho de parto exatamente na mesma hora. Um juramento que ele fizera ao seu irmão falecido declarava que o primogênito herdaria o lucrativo território da família na Costa Oeste. — Essa herança pertence ao filho de Scarlett. — Disse ele. — Com Daemon morto, ela está sozinha e desamparada. Você tem meu amor, Alessia. Todo ele. Só preciso que ela dê à luz em segurança. Depois será a sua vez. — Continuou. A droga era um tormento constante. Implorei para que ele me levasse a um hospital. Ele me agarrou pelo pescoço, forçando-me a encarar seu olhar gelado. — Pare isso! Eu sei que você está bem. Está apenas tentando roubar a herança. — Disse, com voz cortante. Meu rosto estava pálido. O corpo convulsionava enquanto eu conseguia sussurrar, desesperada: — Não me importo com a herança. Eu só quero que nosso filho nasça em segurança! Ele zombou. — Se você realmente fosse tão inocente, não teria forçado Scarlett a assinar aquele acordo pré-nupcial, renunciando aos direitos de herança do filho dela. — Disse. — Não se preocupe, voltarei para você depois que ela der à luz. Afinal, você carrega minha própria carne e sangue. — Completou. Ele passou a noite inteira em vigília do lado de fora da sala de parto de Scarlett. Só depois de ver o recém-nascido em seus braços é que ele se lembrou de mim. Finalmente, enviou seu segundo em comando, Marco, para me libertar. Mas quando Marco finalmente ligou, sua voz estava trêmula: — Chefe… a senhora e o bebê… se foram. Naquele momento, Vito Falcone se despedaçou por dentro.
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Viuda Dos Veces: Renací Lejos de Él

Viuda Dos Veces: Renací Lejos de Él

Aunque sabía que mi esposo, Luis Ramírez, había fingido su muerte y estaba suplantando la identidad de su hermano gemelo menor, Martín Ramírez, no lo desenmascaré. En vez de eso, fui directamente ante la máxima autoridad militar de la región, Sergio Montoya, y le dije que Luis estaba muerto. Le pedí que lo dieran de baja del ejército y que le retiraran el grado. En mi vida pasada, Martín murió en un accidente. Y Luis, sin dudarlo, fingió su propia muerte y abandonó su puesto en el ejército para hacerse pasar por Martín, todo para que Gina Espíndola no quedara viuda. Yo lo reconocí al instante. Sabía que era Luis. Lo enfrenté y le exigí que me dijera por qué se estaba haciendo pasar por Martín. Pero lo negó hasta el final. Me hizo a un lado con frialdad: —Mayra, sé que estás hecha pedazos por la muerte de Luis, pero eso no te da derecho a venir a decir que yo soy él. Sostuvo a Gina, débil y frágil como si fuera de cristal, y a mí me empujó al río helado. Me lo dejó claro: que ni se me ocurriera hacerme ilusiones. Mi hija, Perla Ramírez, con apenas cinco años, lloraba y preguntaba: —¿Por qué papá ya no me quiere? Y por eso la encerraron en un cuarto oscuro "para que aprendiera". Tres días y tres noches sin probar bocado. La madre de Luis, Almeida Vargas, me colmó de insultos, diciendo que yo era una matamaridos, un mal augurio. Nos echó a Perla y a mí con lo puesto, sin un centavo. Y Luis todavía se encargó de esparcir el rumor por todas partes: que yo estaba loca, que Luis apenas acababa de morir y yo ya andaba obsesionada con Martín. Todos me despreciaron. Me señalaron. Me miraban con asco. Al final, abracé a Perla y morimos congeladas en la peor helada del invierno. *** Cuando abrí los ojos de nuevo, había vuelto al día en que Luis empezó a hacerse pasar por Martín.
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Justicia De Plata

Justicia De Plata

Después de mi chequeo médico, estoy por salir de la enfermería de la manada, que se encuentra en el territorio de mi primo, cuando una sanadora toda maquillada me sujeta del brazo. —¡Ni un paso más! ¿En serio crees que puedes romper algo en la enfermería e irte así como si nada? ¡Ni lo pienses! Miro su cara desconocida y parpadeo, sintiéndome confundida. —¿Qué fue lo que rompí? Señaló los frascos de cristal de las repisas y arrugó la nariz con un gesto exagerado de asco. —¡Apestas! Tu olor contaminó todas las pociones y ahora no sirven para nada. El Alfa Xander las compró carísimas; todo vale quinientos mil. También me tienes que pagar por el daño emocional que me causaste, que son otros doscientos. —En total son setecientos mil. ¿Vas a pagar en efectivo o con tarjeta? Mi olor es una mezcla de violetas y ámbar. Es distinguido y elegante, como un atardecer de invierno. Entiendo que no a todos les guste ese aroma, ¿pero cómo puede decir que es contaminación? ¡Por favor! No entiendo por qué la enfermería en el territorio de Xander funciona como si fuera una red de extorsión. Me río de puro coraje y le digo: —Soy la prima del Alfa Xander. Yo no pago ni un centavo en su territorio. Si alguien tiene un problema con eso, que venga él y me lo diga a la cara. Pero la sanadora solo puso los ojos en blanco. —Ay, por favor. ¿Crees que con esos trucos tan baratos vas a llamar la atención de mi Alfa? ¡Ya quisieras! Si no pagas ahorita mismo, te voy a desnudar y te voy a aventar a la calle para que todos huelan lo asquerosa que eres. No tiene idea de a quién está amenazando. Respiro y me pongo en contacto con mi Beta. —Dile a Xander que, o destierra a esta sanadora de la manada, o yo lo desterraré a él.
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El Precio de la Traición

El Precio de la Traición

Estaba a punto de dar a luz cuando Liana, la ex de mi esposo, llegó a nuestra casa con la excusa de que solo se quedaría unos días. Cada vez que me veía, se llevaba la mano al pecho, como si el solo hecho de verme embarazada la hiciera sufrir. Bruno, mi esposo, estaba convencido de que yo estaba provocándola a propósito, solo por tener la barriga enorme. —Lia no se siente bien, no puede tener hijos. ¡Y tú sigues paseándote así, como si nada! ¡Se nota que necesitas una lección para que aprendas! Dicho esto, mandó que me encerraran en el viejo ático que llevaba años sin usarse, y ordenó que nadie me subiera comida. Lloré y le rogué que me dejara salir. Le expliqué que la última ecografía mostraba que los gemelos eran enormes, que el doctor había dicho que debía ir al hospital de inmediato. Pero, para él, eso fue como si le contara un chiste sin gracia. —Todavía faltan tres días. No me vengas con cuentos —me respondió sin una sola gota de compasión—. ¡Ve al ático y ponte a pensar en lo que hiciste! ¡Pagarás por estar molestando a Lia! Las contracciones eran tan brutales que, arañando la madera podrida, acabé arrancándome las uñas. Gritaba tan fuerte que me dolía la garganta, pero nadie acudió en mi auxilio. La sangre me cubría el cuerpo y empapaba todo el suelo. Uno de los bebés ya había salido, pero el otro se quedó atrapado en mi vientre, atorado en un baño de sangre. Tres días después, Bruno estaba sentado, tomando sopa y, como si nada, dijo: —Que Michelle me sirva más sopa y le pida perdón a Lia. Si lo hace, la llevaremos al hospital para que tenga a los niños. Nadie dijo nada. Porque la sangre que bajaba desde el ático ya había llegado hasta el segundo escalón.
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Un Anhelo Sin Final

Un Anhelo Sin Final

—Señora Flores, por la revisión específica, su certificado de matrimonio contiene información falsa; el sello y la firma son falsos. Las palabras del agente, de manera ligera, dejaron a Alba Flores aturdida mientras venía a solicitar una reposición de su certificado de matrimonio. —Imposible… Mi esposo, Carlos Sainz, y yo nos casamos legalmente hace cinco años. Por favor, ¿podría verificarlo de nuevo? El agente volvió a ingresar los números de identificación de ambos para realizar la búsqueda y confirmó: —El sistema muestra que Carlos Sainz sí que está casado, pero usted está soltera. La voz de Alba temblaba al preguntar: —¿Y quién es la esposa legal de Carlos Sainz? —Laura Escanes. Alba se agarró con fuerza al respaldo de la silla, intentando mantener la compostura. Le entregaron los documentos de vuelta y las palabras “Certificado de Matrimonio” del encima brillaban, provocándole un dolor en los ojos. Al principio, Alba había pensado que podría ser un error del sistema, pero al escuchar el nombre de “Laura Escanes”, todos sus sueños se vinieron abajo de inmediato. La boda grandiosa de hace cinco años, el matrimonio ejemplar que parecía inseparable durante estos cinco años, todo aquello de lo que se sentía orgullosa, resultó falso. Alba sostenía aquel certificado falso sin ningún valor legal, regresó a casa desanimada. Justo cuando iba a abrir la puerta, escuchó voces en el interior. Era el abogado de la familia Sainz: —Señor Sainz, ya han pasado cinco años. ¿No considera otorgarle a su esposa un reconocimiento legal de su posición? Alba se detuvo y contuvo la respiración. Después de un largo silencio, la profunda voz de Carlos Sainz resonó: —Esperemos un poco más. Laura aún está trabajando en el extranjero. ¿Cómo podría mantenerse en ese mercado lleno de empresarios sin el título de la señora Sainz? El abogado familiar lo advirtió: —Su matrimonio con la señora, sólo tiene nombre, pero sin sustancia. Si ella decidiera, podría irse en cualquier momento.
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Ele Escolheu o Filho Adotivo e Perdeu o Próprio Filho

Ele Escolheu o Filho Adotivo e Perdeu o Próprio Filho

Quando eu estava grávida de oito meses, minha bolsa estourou justamente no dia do aniversário de Lucas, o filho adotivo do meu marido. Para impedir que o bebê nascesse no mesmo dia que ele, Leonardo me obrigou a esperar até depois da meia-noite para dar à luz. Durante todo esse tempo, recusou-se a me levar ao hospital e me trancou no porão. Leonardo abaixou a cabeça para me encarar, com os olhos sombrios: — Bianca, você realmente sabe escolher o momento. Tinha que dar à luz justamente no aniversário do Lucas. Eu implorei para que ele me levasse ao hospital. Por um instante, a decepção passou pelos olhos dele, mas sua voz continuou fria: — Ainda está tentando me enganar? Eu já falei com um médico. Mesmo depois que a bolsa estoura, o bebê não nasce imediatamente. Tem mulher que só dá à luz três dias depois. — Só para garantir seu lugar como minha esposa e fazer seu bebê disputar com Lucas o aniversário e a posição dele na família, você calculou tudo muito bem. Respirei fundo e disse, em completo desespero: — O bebê que estou carregando também é do seu sangue! — Leonardo, eu imploro. Pelo bem do nosso bebê, salve ele. Se ele nascer em segurança, eu prometo que nunca mais vou aparecer na sua frente. A expressão dele ficou sombria. Leonardo se abaixou, segurou meu queixo e respondeu com crueldade: — Não tente me manipular com esse tipo de joguinho. — Se ficar quietinha aqui até passar da meia-noite, eu mesmo vou levar você ao hospital. Depois que a criança nascer, você poderá finalmente garantir seu lugar na minha família Moreira. Mais tarde, incomodado com meus gritos de dor por causa das contrações, Leonardo levou Vanessa e Lucas para comemorar o aniversário fora de casa. Quando finalmente ele se lembrou de mim e perguntou se eu tinha dado à luz um menino ou uma menina, seu assistente empalideceu: — Sra. Bianca... foi embora.
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Ya que No me Quieres, Entonces Adiós

Ya que No me Quieres, Entonces Adiós

La novena ceremonia de unión entre el Rey Alfa, Thorne Ravencrest, y yo, finalmente ha llegado. Sin embargo, una vez más, no logré convertirme en su Reina Luna. No porque él rompiera su promesa, sino porque no estoy lo suficientemente calificada. Los Ancianos dejaron muy claro que, cada Reina Luna reconocida por la Diosa de la Luna, a lo largo de la historia debe cultivar 365 Flores de Luz de Luna, utilizando su propia esencia de sangre. Pero cada año, en la víspera de la ceremonia, sin importar cuánto cuidado tenga, siempre falta una flor. Este año, casi me desangré por completo y apenas logré cultivar el número correcto. Extasiada, voy a buscar a Thorne, queriendo sorprenderlo. A través de la puerta entreabierta de la sala del trono, escucho a su Beta decirle: —Rey Alfa, Sera lo ha estado esperando por ocho años. ¿Alguna vez se unirá a ella? Thorne sacude la cabeza. —Le prometí a Willow que este año tampoco podemos unirnos. Su Beta vacila. —¿Y si Sera realmente logra cultivar suficientes Flores de Luz de Luna? Thorne se queda en silencio por un momento y luego aplaude. Un lobo de las sombras aparece y se funde en la oscuridad. Poco después, el lobo regresa con una Flor de Luz de Luna entre sus mandíbulas. Él desgarra la flor hasta hacerla trizas y deja escapar un suspiro. —Sera tiene sangre de sobra. Olvida un año; ella podría seguir cultivando flores por otros diez años y estar bien. Pero Willow ha sido envenenada con acónito. Soy todo lo que le queda, y ella me quiere a su lado en sus últimos días. No soporto rechazar a Willow, lo que significa que Sera simplemente tendrá que esperar un poco más. Me muerdo el labio con fuerza, apenas capaz de creer lo que escucho. Así que las Flores de Luz de Luna que desaparecían misteriosamente siempre fueron destruidas por él. Convertirme en Reina Luna ha sido mi sueño desde la infancia. Pero si él nunca tuvo la intención de unirse a mí, entonces es hora de que lo deje.
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Crié a Su Hijo y Ella Enloqueció de Pesar

Crié a Su Hijo y Ella Enloqueció de Pesar

Cuando renací, lo primero que hice fue esparcir las cenizas de mi mejor amiga. En mi vida pasada, ella quedó embarazada antes de casarse y fue abandonada tanto por su novio como por su propia familia. Tras soportar sola todo el embarazo, finalmente llegó el día del parto… pero sufrió una hemorragia grave en la sala de parto. Con su último aliento, me suplicó que adoptara a su hijo. Al verla en ese estado, mi corazón se compadeció y acepté. Por cuidarlo, mis estudios comenzaron a ir de mal en peor, hasta que la universidad terminó expulsándome. Y no tuve más opción que salir a trabajar junto con él, soportando incontables humillaciones y desprecios. Finalmente, cuando cumplió dieciocho años, un cazatalentos lo descubrió y lo llevó a protagonizar una película. De la noche a la mañana se volvió famoso y ganó el premio a Mejor Actor. Pero en la ceremonia de premiación, mi mejor amiga —que supuestamente había muerto hacía años— apareció del brazo de mi exnovio. Incrédula, me acerqué a exigirle una explicación, pero ella me dijo sonriendo: —Felicidades, has superado la prueba. Confundida, escuché cómo mi ex me explicaba lleno de arrogancia: —Paula es la hija del hombre más rico del país. ¿Quién sabe si te acercaste a ella por dinero? Ahora que criaste tan bien a nuestro hijo, tienes la oportunidad de ser una amiguita de ella. Si lo cuidas hasta que se case y tenga hijos, entonces podrás convertirte en su mejor amiga. Sentí que mi cabeza iba a explotar. Acaso, ¿creían que me importaba ser su amiga? ¡Habían pasado dieciocho años! Con los ojos enrojecidos por la rabia, me abalancé sobre ellos. Pero quien pensaría que mi hijo adoptivo, que estaba en el escenario, bajaría corriendo, me empujaría con toda su fuerza y me diría: —¿Estás loca? ¿Quién te dio el derecho de atacar a mis padres? La furia y la indignación fue tanta que me desmayé en el acto.Cuando volví a abrir los ojos… había regresado al día en que mi mejor amiga estaba dando a luz.
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