La obsesión de Marchetti
—No es de tu hermano, es mi hijo, —su entrecejo se frunce.
—Y de mi hermano, —afirmo—. Te recuerdo que los bebés no se hacen solo, —digo.
—No es de Enzo, —me miente.
—Mientes, te recuerdo que soy un hombre león, —le sonrió. —Tranquila, no te voy a quitar a tu hijo, —eso parece darle algo de calma—. Me gustaría conocer a mi sobrino, —pido.