Amor prohibido con el hermano de mi ex
Arthur, William, y el doctor David López, sonreían dichosos.
El viejo obispo, consagrando la corona y a su nueva real majestad, sentaba a Bernadette Baskerville en el trono de los reyes, y coronándola, la reverencio y nombro la nueva Reina de Inglaterra. Aquella corona de terciopelo purpura, diamantes y gemas preciosas, lucia sobre la cabeza de Bernadette, y recibiendo su cetro, todos alzaron la voz a una sola.
—¡Salve Bernadette Baskerville, Salve la Reina de Inglaterra! —