Te amé desde el adiós
—Lo entiendo, pero tal vez si nada de ti fuese atractivo, incluso tus bragas, esto no me causaría más morbo de lo que ya siento —insinúa con esa provocativa.
—¡Luca! —lo regaño y se ríe.
—Bien, bien, solo estoy molestando, es divertido como te pones, es como si cometieras un delito, cuando es algo muy humano y muy legal si te pones a ver, estamos casados.
—Pero no nos amamos.
—Si el amor dominara, usted y yo estaríamos con quienes quisiéramos, aun así, amar es una decisión y nosotros podemos decidir a quién amar... —dice en reflexión.