La Cautiva y el Conquistador
Ella, en cambio, seguía observando a Wolf con una mezcla de desafío y una pregunta muda: ¿Qué pasaría ahora?
El hombre del norte la miró una última vez antes de subir también a la nave. En sus ojos helados, Christina vio algo que la confundió. No solo la mirada de un Conquistador, sino un atisbo de algo más, algo tan indomable como su propio espíritu. El mástil se alzaba, las velas se desplegaron con un chasquido. El barco se movió, alejándose de la costa que había sido su único mundo. Y Christina, la Cautiva, se dio cuenta de que su aventura apenas comenzaba.