Una misión para recordar
Mis manos hormiguean con el impulso de abrazarla; doy unos pasos, pero en ese momento todos salen de la casa con el equipaje listo.
Cargo las maletas, recojo lo último que necesito y emprendemos el viaje rumbo a Laredo.
Durante el trayecto, Bruno no deja de hablar con emoción. Imagina ya el agua fresca de la piscina, sus pies chapoteando y el sol en su espalda. Además que harán una parada especial en una playa, llamada Venice, en la que pueden recolectar dientes de tiburón, planea traerme varios. Sus palabras brotan atropelladas, como si cada curva del camino le acercara más a la aventura. Orlando lo espera y para él, el viaje ya ha comenzado. Daryl sonríe en