Me Metí en La Novela y Él Me Eligió
Bajó el rostro y hundió la cara en mi cuello, rozándome con una insistencia suave.
—¡Qué ingrata! ¿De verdad no me extrañaste nada?
Yo lo empujé con fuerza, marcando distancia.
—Señor Moraleda, si ya se va a casar, aunque yo sea su “hermana”, tiene que respetar límites.
Me di la vuelta y salí primero.
Sí, yo era una cobarde. Habían pasado años, y aun así yo seguía resolviendo todo igual: huyendo.