Troy
¿Sabías que son dueños de una isla, en medio del Océano Pacífico?
—¿Una isla? Por supuesto que sí, qué multimillonario no tiene una —contestó Diomedes, lleno de confianza.
—No, no, no, no esa clase de isla de tres por tres en la que se arman una casita de verano, no —Darío bajó la voz, como si estuviera por revelar un gran secreto—. Me refiero a una isla del tamaño de una provincia, casi tan grande como Hawaii, en la que hay ciudades con hoteles, edificios empresariales, bancos, casinos y todas las cosas que generan y llaman fortunas, incluso un puerto en el que estacionan sus yates los hombres más ricos del mundo, y aún hay más.