Quiero matar a mi esposo
¿Y por qué estoy dudando de la palabra de mi esposo?
Las cicatrices son las que me deberían contar la verdad. No son pocas, y ninguna parece normal.
Hay una en mi vientre, larga, horizontal, como si alguien hubiera usado una navaja para abrirme en dos. La rozo, y la piel está dura, rugosa, nada que ver con un “accidente” como el que Lev dice que tuve. Más arriba, cerca de las costillas, hay marcas redondas, pequeñas, como si me hubieran golpeado con algo duro una y otra vez. Mi espalda es peor: una cicatriz irregular, dentada, que va del omóplato a la cintura, como si me hubieran arrastrado por vidrio roto. ¿Qué demonios me pasó? Esto no es de un choque, no es de caerme por unas escaleras. E