Mi Reina, mi Luna
Guerreros, manténgase en sus lugares, por ahora debemos olvidar la guerra, pronto sabrán mío, ese día voy aplastar a su dichosa inmortalidad, volverán a ser unos malditos vampiros sin colmillos.
No caen en su provocación, al contrario se dejan escuchar con una risa como cristales al romperse de forma ordenada:
—¡Jajaja jajaja jajaja, disfruta de tu fracaso con antelación, veremos quién ríe al último, jajaja jajaja jajaja! Nos llevamos al clan que nos pertenece, jajaja jajaja.
Los inmortales, con un movimiento de sus manos, se retiran en una luz plateada, cruzan la distancia y se materializan en los cultivos de Luna Plateada. Sus risas suenan como la caída de la cascada.