Renací y Me Convertí en Reina
Y Diana, en esa vida, seducida por el encanto del dragón plateado, se casó con Javier Ruiz, el Rey del Clan de los Dragones Plateados.
Pero jamás imaginó la verdad: Javier era un borracho. No solo le costaba controlar el poder de su sangre; cuando perdía la razón, se ponía violento y furioso, y le destrozó el vientre: la hizo abortar y la dejó estéril para siempre. Al final, el Clan de los Dragones Plateados la abandonó.
Pero ella no odió a Javier.
Me odió a mí, porque yo era la hija legítima, porque podía elegir primero.