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Los guantes que acabaron con nosotros

Los guantes que acabaron con nosotros

En mi cumpleaños, mi prometido usó sus puntos del supermercado para comprarme un par de guantes para lavar los platos. Sin embargo, en una subasta, le compró una joya de cinco millones de dólares a su primer amor. Estaba enojada al confrontarlo, pero él me llamó una cazafortunas. —Te he estado dando dinero para gastar. ¿No es más que justo que me cuides? Se suponía que esta era mi última prueba para ti. Si aprobabas, nos casaríamos. Me has decepcionado muchísimo. Rompí con él. Él se dio la vuelta y le propuso matrimonio a su primer amor. Cinco años después, nos encontramos en una isla privada de vacaciones. Alex Thompson me vio con el uniforme de trabajadora recogiendo basura en la playa. Se burló de mí en el acto. —Le hiciste el asco a los guantes que te compré, y aquí estás, rebuscando en la basura. Ahora, incluso si me suplicaras, no te miraría dos veces. Lo ignoré. El proyecto de estudios sociales de mi hijo consistía en limpiar el patio trasero con uno de sus padres. Su padre había ampliado el patio hasta la playa. Limpiarlo era agotador.
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Un delicioso humano

Un delicioso humano

Soy Vicky Eaton, una Kindred sin vínculo. Es decir, no tengo una pareja o vínculo de sangre, el único humano del que se puede beber según la ley Kindred.He hecho todo lo posible por cumplir la norma, hasta que me di cuenta de que mi nuevo jefe huele demasiado bien como para resistirme y cumple todos los requisitos para ser mi pareja.Sin embargo, hace tiempo que hice el voto de quedarme sin pareja para toda la eternidad.**Mientras hablaba, me lamió la oreja. Mi corazón volvió a acelerarse. El aroma de su perfume de sangre, mezclado con la fragancia natural de su cuerpo, estimuló cada uno de mis nervios. Me besó el cuello. Gemí contra sus caricias mientras me quitaba la ropa por tercera vez en menos de doce horas.—Hagas lo que hagas... —le dije sin aliento—: No pares. Mis palabras le golpearon con fuerza y sus movimientos se intensificaron. De repente, se separó y giró el cuello hacia mí, revelando su gloriosa piel.Me quedé helada.¿Debía mantenerme fiel a mi pasado o dar un salto de fe y caer en el mundo del Vínculo de Sangre?
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Me fui embarazada de su hijo

Me fui embarazada de su hijo

En la cena por nuestro tercer aniversario con Vincent Hartwell, su secretaria me vació una copa de vino tinto encima… y no fue ningún accidente. Ahí fue cuando exploté. Sin pensarlo, le solté una cachetada frente a todos los invitados. Esa misma noche, el chisme corrió como fuego entre la gente de la alta sociedad. Y cuando mi mamá vio las fotos filtradas de esos dos en la cama… el impacto fue demasiado fuerte. Sufrió un infarto y murió en el acto. Cuando me avisaron, me desplomé en el suelo y lloré hasta que no me quedaron fuerzas. Pero Vincent… ni siquiera apareció. Se quedó todo el tiempo al lado de su secretaria, calmándola, como si la víctima fuera ella. Cuando por fin volvió a casa, pasó a mi lado como si yo no existiera. Ni una mirada. Se aflojó la corbata, tranquilo, como siempre, y soltó: —Ya está solucionado. No quiero que esto vuelva a pasar. Como si nada. —Tengo una reunión esta noche. Arréglate y llega a la villa en media hora. Madison te necesita. Antes de salir, dijo sin siquiera voltearse: —Está sensible por el embarazo. Si le haces algo a mi hijo… no te lo voy a perdonar. Lo escuché todo en silencio. No lloré. No discutí. Pero en cuanto se fue, abrí el cajón y saqué el acuerdo de divorcio que había preparado semanas atrás. Debajo… estaba mi propia prueba de embarazo, marcando positivo. "Vincent… en tres días me voy a ir a buscar a mi padre biológico", pensé. Esta vez no era una amenaza. Me iba de verdad. Y me aseguraría de que mi padre me "agradeciera" adecuadamente por todo lo que me hizo aguantar estos años. Me encargaría de que me pagara cada uno de sus supuestos favores.
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Elegiste acabar con nuestro bebé para salvar a tu amante

Elegiste acabar con nuestro bebé para salvar a tu amante

Con nueve meses de embarazo, un exempleado, que guardaba un profundo rencor tras haber sido despedido para darle ese puesto a mi esposo, me llevó a la fuerza a la azotea del edificio y me asestó decenas de puñaladas. Mi marido, Víctor Escobar, capitán de un escuadrón de rescate, prefirió movilizar a todo su personal para impedir que Raquel Herrera, su exnovia, sumida en una depresión, le prendiera fuego a su departamento. No le supliqué que viniera a rescatarme. En mi vida anterior, precisamente porque lo había llamado suplicándole ayuda, él había dejado desprotegida a Raquel y había ido corriendo a salvarme. Mi bebé y yo logramos sobrevivir, pero ella, después de prenderle fuego a su departamento, murió consumida por el incendio. En apariencia, Víctor no me había guardado ningún rencor. Incluso llegó a reservarme una suite de maternidad privada. Sin embargo, el mismo día que di a luz, me amarró ¡y nos acuchilló sin piedad, a mí y a mi bebé recién nacido! —¡Ese día tú y ese tipo se pusieron de acuerdo para engañarme, ¿no es así?! ¡Tus «heriditas» no eran nada graves! ¡Ni de chiste te ibas a morir! —exclamó, fuera de sí—. ¡Pues, si tanto te encanta que te apuñalen, entonces, te daré el gusto! Cuando volví a abrir los ojos, había regresado al día en que me habían tomado como rehén. Pero, esta vez, tomé una decisión: lo dejaría correr para salvar a su Raquel.
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Amante En La Sombra

Amante En La Sombra

Pasé tres años enamorada de Santiago Mendoza, el mejor amigo de mi hermano. Él jamás quiso hacer pública nuestra relación. Pero nunca dudé de su amor. Después de todo, tras haber estado con 99 mujeres, desde que estaba conmigo ni siquiera miraba a otras. Incluso si solo era un simple resfriado, él dejaba proyectos de millones de dólares en el acto y volaba a casa para cuidarme. Llegó mi cumpleaños. Feliz, me preparaba para contarle a Santiago que estaba embarazada. Pero por primera vez, se olvidó por completo de mi cumpleaños y desapareció sin dejar rastro. La sirviente me dijo que había ido al aeropuerto a recibir a alguien muy importante. Me dirigí al aeropuerto. Allí lo vi, con un ramo de flores en las manos y el rostro tenso, esperando a una joven. Una joven que se parecía mucho a mí. Más tarde, mi hermano me contó que ella era el primer amor que Santiago nunca podría olvidar. Santiago se enfrentó a sus padres por ella, y cuando ella lo dejó, perdió la cabeza y buscó 99 parecidas para sobrellevar el dolor. Mi hermano lo dijo con admiración, conmovido por lo profundo que podía ser Santiago. Lo que no sabía era que su propia hermana era solo una más entre esas sombras del pasado. Los observé a los dos durante un largo, largo rato. Luego, di media vuelta y volví al hospital. —Doctor, no quiero tener a este bebé.
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No es la heredera que él protegía

No es la heredera que él protegía

El día en que el primer amor agonizante de mi compañero entró en labor de parto, sus padres apostaron a diez guerreros frente a mi puerta. Lo hicieron solo para impedir que irrumpiera en la sala de parto y arruinara el nacimiento del heredero del Alfa Kaelen. Sin embargo, no aparecí. Ni siquiera cuando el llanto de un recién nacido llenó el aire. Su madre, la antigua Luna, sostuvo la mano de la otra loba y soltó un suspiro de alivio. —Liana, con nosotros aquí, ¡esa estéril de Elara jamás les hará daño a ti ni al cachorro! Kaelen secó el sudor de la frente de Liana, con los ojos llenos de adoración. —No te preocupes. Mi padre tiene hombres vigilando las fronteras de la manada. Si Elara se atreve a causar problemas, ¡la exiliaremos para siempre! Por fin se relajó al comprobar que yo no iba a venir. No podía entenderlo. Lo único que quería era darle un hijo, un legado, al primer amor que se estaba muriendo. ¿Por qué no podía yo ser más comprensiva? Al mirar al cachorro dormido, una sonrisa satisfecha cruzó su rostro. Pensó que, si yo solo aparecía y le pedía disculpas a Liana, perdonaría todas nuestras peleas anteriores. Incluso estaría dispuesto a consolarme después del parto, quizá hasta me permitiría ser la madre del cachorro solo de nombre, para que pudiera conservar mi título de Luna. Pero él no lo sabía. Yo acababa de presentar mi solicitud ante el Consejo Supremo. En una semana, renunciaría a mi estatus dentro de la manada, me iría con los bebés que llevaba en el vientre y no volvería a verlo jamás.
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La boda que nunca fue mía​

La boda que nunca fue mía​

El crucero tuvo un accidente, pero solo quedaba un lugar en el bote salvavidas. Los tres sorteamos, y me tocó a mí, pero quise cederle la oportunidad de vivir a Ezequiel. Mientras forcejeábamos, su amiga de la infancia se adelantó y subió de un salto. Pensé que nuestras vidas terminarían allí, pero, inesperadamente, el equipo de rescate llegó a tiempo y nos sacó de la inmensidad del mar profundo. Después de esto, Ezequiel y yo nos casamos. Pero nunca imaginé que, el día de nuestra boda, su amiga de la infancia regresaría a aquella misma área marítima y se lanzaría al vacío. Al enterarse de su muerte, Ezequiel se llenó de un dolor inmenso y luego echó toda la culpa sobre mí. ​Me encerró en el sótano cuando estaba embarazada, haciendo mi vida peor que la muerte. El día del parto, tuve una hemorragia masiva. Él le dijo al doctor que priorizara al bebé, abandonando mi vida sin dudar. A mi única hija que quedó le puso por nombre "Ana", y el nombre de su amiga de la infancia, fue "Anabel". Al final, morí llena de resentimiento. Cuando revivía, había vuelto al día después del accidente del crucero, cuando él me pidió matrimonio. Al ver a él tomando mi mano como en la vida pasada, diciendo que estaba dispuesto a satisfacer cualquier petición mía, retiré mi mano con tranquilidad. —Ezequiel, terminemos.
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Parto Infernal

Parto Infernal

Las contracciones me estaban matando. Se me oscurecía la vista. Mi esposo, Don Vittorio Falcone, el hombre que gobernaba Chicago, me apretó la mano. Sus ojos oscuros ardían de amor. —Solo un poco más, mi amor. Pronto conocerás a nuestro bebé. El sudor me corría por la cara. Aun así, encontré fuerzas para sonreírle. Entonces entró una enfermera. Traía una jeringa. Creí que era para calmarme el dolor. Pero Vittorio me soltó la mano. Dio un solo paso atrás. La aguja se me hundió en el brazo. Vittorio habló con frialdad de acero. —Dosifíquela con cuidado. Que aguante hasta la medianoche. Ni un minuto antes. Solo después de que Ornella dé a luz. Entonces lo entendí. Creía que me había casado con él por dinero. Estaba deteniendo mi trabajo de parto. Todo por una regla enferma de la familia Falcone: el primer hijo varón que naciera sería el siguiente heredero. El dolor me atravesó. Estiré la mano hacia él. Las lágrimas me corrían por la cara. Le rogué que se detuviera. Se mordió el labio. Habló con frialdad. —Mi hermano murió. Ornella lleva en el vientre a su único heredero. Harás lo que se te ordene. Tú y tu bebé no le quitarán su derecho como heredero. El fármaco me corrió por las venas. La presión violenta en mi vientre, como una mano invisible, se detuvo.
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La "Viuda" Huyó con Su Cachorro

La "Viuda" Huyó con Su Cachorro

Después de que mi compañero, Regulus Thornfield, muriera en un “accidente”, su hermano gemelo, Lawrence Thornfield, tomó su lugar como Alfa. También nos heredó a mí y a mi cachorro, Niall Thornfield. La nueva Luna, Alice Moreau, me ve como una espina clavada en su costado. No desea otra cosa más que exiliarnos de la manada a Niall y a mí. Una noche, fui al despacho para pedirle a Lawrence que nos permitiera marcharnos de la manada, a Niall y a mí. Pero entonces escuché a su Beta preguntarle: —Alfa Regulus, el que murió en el accidente fue su hermano. ¿Por qué dijo que el muerto había sido usted? Se oyó el sonido de los nudillos de Regulus golpeando el escritorio. —En aquel entonces, el consejo de ancianos me obligó a marcar a Leah. Pero la loba a la que he amado todo este tiempo siempre ha sido Alice. Además, Leah ya tiene un cachorro. Si no fingía mi muerte, la que se quedaría sin nada sería Alice. De pie al otro lado de la puerta, sentí cómo mis uñas se clavaban en mis palmas. Así que mi propio compañero estaba dispuesto a fingir su muerte y abandonar a su propia familia solo para poder volver al lado de la loba que realmente amaba. Al amanecer, dejé una solicitud de traslado sobre el escritorio del consejo de ancianos. —Mis bienes personales son suficientes para criar a mi cachorro. Además, me niego a ser la tercera en discordia en una relación. Por favor, déjennos salir de la manada.
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Me Convertí En El Tesoro De Otro

Me Convertí En El Tesoro De Otro

Mi hermano adoptivo Mateo Alves y yo mantuvimos un romance secreto durante diez años. El día que decidimos hacerlo público, él recibió una misión de infiltración en Kinsyn, una tarea casi suicida. La noche antes de partir, me abrazó y prometió: —Si regreso con vida, te haré una boda espléndida, nunca nos separaremos. Por él, rompí con mi familia. Esperé como una tonta, convirtiéndome en el hazmerreír de toda la alta sociedad. Tres años después, él regresó. Pero volvió desacreditado, cargado de deudas, arrodillándose ante mi padre como un pobre insecto. Dijo con palabras firmes: —Papá, le prometí a Antonella cuidarla el resto de su vida. Detrás de él, una chica llamada Antonella Flores se escondía con las manos apretadas sobre su vientre embarazado. Mi padre me miró instintivamente. Todos esperaban que enloqueciera, que armara un escándalo, pero solo sonreí y acepté en el acto el anillo de compromiso que me ofreció ese heredero decadente y fracasado. El día del banquete de compromiso, Mateo estrelló su auro contra la entrada. Empuñando una pistola, rugió: —¡Ximena Silva, si te atreves a casarte, lo mataré!
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