Esposa, aún me perteneces
Mariza se alejó sintiendo un escalofrío, recordó las palabras de esa mujer, sus ojos se volvieron llorosos.
«Ella tiene razón, Jorge no me ama, él la ama a ella, y si me quedo, solo seré la sustituta de su amor», pensó.
Mariza se alejó, tomó su maleta, tenía los papeles de divorcio, los firmó.
Le había hecho falta valor, pero al fin estaban adornados con su firma. Los dejó en la mesa.
—Adiós, Jorge, ¡qué ingenua! Pensé que me amarías, pero, el amor no es como en las películas. Las personas como tú y yo amamos a quienes no nos aman, no estamos destinados a la felicidad.
Mariza se fue, mientras Jorge aún dormía.