De Su Amor a Su Venganza
Los ojos de Elías estaban inyectados en sangre; entre el deseo y el dolor, cada caricia suya era una mezcla de dulzura desesperada y rabia contenida.
Se hundió en el aroma de Zoraida, en la piel que tanto había deseado, y al mismo tiempo se desgarraba por dentro.
Su cuerpo dejó de obedecerle. Entre temblores, le arrancó el vestido con manos torpes, desesperadas, como si con ese gesto pudiera borrar toda la distancia que los separaba.
***
Afuera, la luna había desaparecido tras una nube espesa. El silencio de la noche se volvió pesado, casi opresivo.