El amor que ya no vuelve
Y con una voz baja, casi como un susurro, cargado de desprecio dijo:
—Solo vine para decirte algo. Ayer, cuando me drogaron con ese estimulante, vi cómo me mirabas. Vi el deseo en tus ojos, no lo niegues. Querías ofrecerte como mi antídoto, para “ayudarme”. Menos mal que no lo hiciste, porque si hubieras sido tú… me habrías repugnado de por vida. Tú no estás a la altura de satisfacerme, Selena.
Mi corazón se contrajo de golpe, un dolor profundo me atravesó el pecho. Aunque en esta vida ya no lo amo, escuchar esas palabras tan crueles todavía me dolió.