La Venganza de la Exprometida
Ian cae hacia atrás, sorprendido, y yo grito sin darme cuenta.
—¡Aston!
Me tambaleo, puesto que me estaba apoyando sobre Ian. Lucifer no me mira de inmediato. Tiene la mandíbula apretada, los nudillos tensos y los ojos oscuros fulminan a Ian de una forma que no le había visto antes.
Parece un dios del inframundo, se ve en su elemento.
Un recuerdo fugaz pasa por mi mente, sus dedos, su voz, mis ojos tapados.